Chingón, estupenda cocina americana directa de L.A. a Barcelona

3 Jun, 2018

CHINGÓN. COCINA AMERICANA

de Los Ángeles a Barcelona

En el restaurante Chingón, del chef Miky Manrubia, uno viaja a pleno corazón californiano para deleitarse de toda la culinaria más street y canalla de Los Ángeles. Oyster shooters, quesadillas, tacos, hamburguesas, barbacoas y dulces XXL made in USA pero con el toque personal de Miky y su experiencia en la ciudad. Un lugar desenfadado y que respira aires trash y de rock&roll, una ventana a la cocina americana más cañera y street, donde dar rienda suelta a la gula y al disfrute sin miramientos.

CHINGÓN, DE L.A. A BARCELONA

El restaurante Chingón, un estrecho pero iluminado local de la calle Pallars del barrio de Poblenou, lo describiría como un gastropub canallón donde encontrar el rollo gastronómico más desenfado y urbando de Los Ángeles. Un local que respira aires de pub-garaje y un punto de local street food, donde la cerveza y una estupenda música bailan abrazados a los platos que hablan de la experiencia del chef Miky Manrubia por la ciudad californiana y todas las influencias que confluyen en ella (barbacoa americana, coreana, latina, china…). Además de la forma, el fondo: producto con denominación, carnes de calidad y pescados de lonja.
El local es estrecho y urbano, invita a lo distendido y lo informal. A desconectar. Música, ambiente, cerveza propia o larga selección, comer con las manos, disfrutar y pasarlo genial. Tíquet de 20 euros de media, y se puede por bastante menos. Ideal para los de mucha hambre y poco billete. La chispa, la pone Miky, anfitrión de lujo.

COMER EN CHINGÓN (con las manos mejor)

La oferta gastronómica, decía, es un compendio de elaboraciones muy street y de fast food propias de ciudades como Los Ángeles, donde el chef dio el salto a Estados Unidos para enfrascarse en lo urbano: la comida de calle y las influencias de otras culturas como la coreana, la china o la latina. De ahí surge la carta de Chingón: ostras, hamburguesas talla XL, constillares y otras barbacoas (que aquí se recrean a baja temperatura), tacos y quesadillas con sabores y texturas del inventario del chef. Y más. Todo muy finger food y de cojonudamente pringarse comiendo.
No se puede arrancar la velada sin calentar motores con su fantástica cerveza artesanal (Chingona, 2,50€). Y caerá más una…
para acompañarlas de algunos platos como…
sus Gun Ostras, (2 por 5,5€) como buen entrante americano. Este oyster shooter, perfecto para anti-ostras como yo, ofrece una combinación ardiente de bocado franco-asiática. Ponzu on fire con huevas de salmón bañando la ostra. De un trago, disparo de salida.
primera parada seria con unas completas y golosas quesadillas Duck Fly! (4 unidades 9.00€). Un manjar para comer con las manos a base de pato confitado, queso, salsa de trufa, cebolla confitada y cebolla crujiente. Todo ello firmado con una rúbrica de hoisin (de la que soy ultra fan, de las pocas concesiones dulces junto al chutney que me permito en la cocina salada). Para mi, hitazo que hay que pedir.
siguiendo con propuestas street como los tacos changarro que inician su carta. En nuestro caso, pedimos dos tacos suadero (2,50€ por taco) de ternera a baja temperatura. Melosidad y sabor en una propuesta dignificar un concepto fast-food, elaborado desde una filosofía slow-good (trabajan desde el producto: pollo, buey, ternera con certificado; pescado de lonja). Junto con las quesadillas, platos para pasarlo de lujo entre amigos y buena birra.
para rematar con unas monumentales BBQ ribs (16€), unas costillas de ternera cocinadas también a baja temperatura y lacadas en salsa barbacoa casera, acompañada de un dulce y delicioso maíz asado con mantequilla de parmesano y paprika. Alabo quien hace sus propias salsas, en especial la barbacoa (o Café París, etc), aunque me habría gustado un punto más potentorro y aromático para grabar con láser en la memoria este plato.

Excelente producto, excelente cocción, excelente elección. Cada vez más feliz con el maíz…

Y siempre se dice que hay hueco para el postre… pero eso lo dice gente que no ha ido a comer al restaurante Chingón. Cuando te traen el “monstruo” dulce que es su Nasty Donut (6.00€) lo entiendes todo y piensas que esta es la excepción y que no hay hueco para ese postre: ¡hay que hacerlo!

Flipas con la base, un donut esponjoso y pero fuerte, bañado en dulce de leche y que aguantará un para-todos-los-públicos helado de vainilla, un buen coral de nata montada y un barquillo que te salvará a base de crocante. El confeti lo pone su crumble de galleta de chocolate y unas puntas de arándanos amermelados. La américa dulce XXL representada en un postre. Una juerga que vale la pena montarse, y si eres un yonkie del dulce, una nueva entrada en tu wishlist.

El tíquet final: 46,50€ para 2 personas y un empache que duró todo el día (literalmente, no cené) por lo que es evidente que sobró un plato en una comida de gente normal y sensata. Por lo que entiendo, el precio medio del local se sitúa sobre los 20€ con amplia posibilidad de comer por menos a base de tacos, burguers y quesadillas (las costillas y las ostras subieron nuestro tíquet).

Opción económica, divertida, envolvente, canalla, con buena música, buen ambiente, buen producto y buena cocina. Salí con ganas de volver con amigos y pasar un rato cojonudo entre birras y platos street como esas fantásticas quesadillas que me llevo de recuerdo. El restaurante Chingón supone otra nueva incorporación a esa tendencia por lo internacional y street (vean Masala, Hawker, Nomm publicados aquí también) ofreciendo algo auténtico pero personal, con la licencia para fusionar con firma propia del que viene de haberlo vivido allí. Y otra propuesta más para ese barrio que espabila gastronómicamente como es Poblenou.

CHINGÓN
Pallars, 329
08005 Barcelona
de Martes a Domingo de 13 a 16 y de 20 a 23:30
carta 15-25€

618 51 04 93

Como os decía, hay una tendencia bastante interesante en cuestión de restauración internacional y que se lleva desarrollando en los últimos años: restaurantes informales, “étnicos” más que temáticos, que buscan hacer viajar al comensal a base de bocados para evocar, desde lo auténtico y a partir de lo auténtico. Gente que ha viajado o vivido, para traer esos sabores originales. Esa base auténtica es la que da licencia para poder dar el punto personal (que no es lo mismo que adaptar o arruinar la esencia). Ramen, tacos, quesadillas, burguers, currys, pho, dumplings… como los que os cuento en este restaurante Chingón o en:

Masala’73

Hawker 45

Nomm

Mosquito

O mi secreto mejor guardado: el Kobuta Ramen, para mi, el mejor ramen de Barcelona.

0 comentarios

También te puede interesar...