MONTIEL
Flassaders, 19
08003 Barcelona
(ver mapa)
50€ (sin vino) – 70€ degustación
932 683 729

www.grupmontiel.com

Restaurante Montiel. Degustación Slowfood en pleno corazón del Born.

Han sido tres semanas cargadas de gastronomía disfrutando del encuentro y compañía de amigos, pareja y familia. El con quién. Dos de ellas en las que soplar velas lo hacía indispensable, mas cuando ya de por si debería ser de aplicación. Aunque admito que me cuesta no pensar en tomar notas y fotografiar lo que se cuece en la mesa. Y es que a modo de disculpa anticipada, no pude evitar asomar la cámara y dejar huella de lo que fueron algunos de los regalos.
El primero de ellos fue un sorprendente degustación en el restaurante Montiel. Un local situado en el 19 de la calle Flassaders con el que ya nos habíamos hecho ojitos cada vez que nos cruzábamos en días de paseos por el Born.
Una acogedora primera sala, llena de calidez; tonos madera, piedra y blancos que da la bienvenida al comensal y que invita a degustar. Una segunda sala en el primer piso más fría y menos subyugante, más marítima, para acoger volumen. Ying y yang, prácticamente son dos restaurantes distintos. Nos quedamos abajo, indudablemente.
  

La oferta gastronómica baila en pareja: carta y degustación. Un dúo en el que siempre me suele hipnotizar más el segundo y esta ocasión no fue distinta. Me gusta jugar. Su menú (70€) está compuesto por 8 elaboraciones que priman el buen producto y lo acompañan de una importante estética y guarnición. El mimo al producto es tal que este 2017 el chef Nabil Benhammou se ha hecho con el caracol de la SlowFood de Barcelona para el restaurante. Un punto más de seguridad para expectativa.

El menú degustación

Un interesantísimo menú degustación que transitó por:
un buen gazpacho de fresas con emulsión de pepino y menta de sabor intenso pero comedido al que le habría agradecido alguna nota más de masticación.

un breve pero muy rico cebiche de castañola (palometa, japuta…) con sorbete de leche de tigre. En una vajilla preciosa (compré justamente el bol en Casa Gay el otro día) aunque quizá algo grande para la elaboración, un pescado semigraso ideal paraacebichar junto con una quenelle de leche de tigre que invita a que el comensal porcione la cantidad de guarnición.

un estético pero algo desequilibrado espárrago de Navarra con naranja sanguina, perlas de vermut y salvia. Una elaboración amateur en el menú que no nos terminó de convencer por el punto astilloso del espárrago, la excesiva gomosidad de las esferas de vermut (¿demasiado tiempo en baño de alginato?) y una naranja sanguina que habría sido divertido verla en gajos.

brutales los guisantes de Sant Andreu de Llevaneres con chipirones y menta. Un productazo, perlas de punto dulce, acompañado de otra exquisitez como son los chipirones, el punto salteado que redondea. Un plato sencillo, tradicional, elaborado de forma excelente y que son razón para volver.

 

un arroz de marisco con panceta ibérica, alioli de azafrán y aceite de estragón que mantiene el nivel de 10 de la elaboración anterior. No es exagerado decir que es uno de los arroces que más me han encandilado si enciendo la memoria.

 

y un muy buen cordero ecológico con crema de coliflor y alcachofas de El Prat que sirve para terminar de ligar conmigo, pues el cordero es mi carne por antonomasia. Un puré finísimo que frena el ímpetu de una golosa glace y una alcachofa que… bueno, es una alcachofa de El Prat perfectamente cocinada, ¿qué puede fallar?
Y ya en territorio dulce:
un bonito y buen bizcocho de lima con crema catalana y sopa de fresones (acabar y empezar el menú con ellos, interesante) que mantiene el alto nivel de las últimas elaboraciones.
y un sorprendente financier de pistacho, pera confitada, helado de apio, crema de yogur y puré de berenjena moscovada.Sorprendente por los ingredientes vegetales que terminan componiendo un postre sutil y dulzón pero cero empalagos. Una forma cariñosa de terminar un estupendo menú y donde poder lucir estética, creatividad y sabor.
Para terminar del todo, y acompañar el café, los petit fours, de los que nunca he sido fan pero siempre se agradecen.

Conclusión  con el pulgar para arriba

Un restaurante que por estar en territorio turista puede no invitar al optimismo pero que una vez se prueba su propuesta gastronómica y se disfruta de un servicio cálido y profesional uno agradece haberlo encontrado. Ideal para ocasiones especiales o para disfrute gastronómico, Montiel ha sido un grato descubrimiento y un indudable recomendado.