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domingo, 16 de julio de 2017

Lluerna



LLUERNA
Av. Pallaresa, 104
08921 Santa Coloma de Gramanet
(ver mapa)
de M a S de mediodías y noches
carta y degustaciones (39.50/52/57.50/75)
933 91 08 20
www.lluernarestaurant.com



Para volver. Y repetir.



Desde que coincidí con Victor Quintillà y Carlos Novo en el pasado evento 4mans by Ona Nuit, en el que pude presentar un menú degustación conjunto, ya me grapé en pendientes visitar la casa de Víctor. Lluerna es un restaurante que, a parte de contar con estrella Michelín, me ha sido más que recomendado por muchos amigos y conocidos que ya lo habían visitado. Y después de ver en primera persona la cocina de Víctor, no me quedó más (que gratísimo) remedio.

Pero a sabiendas de una inminente mudanza para buscar una nueva ubicación en Santa Coloma de Gramanet -plaza valiente, y ellos lo han sido. Y han triunfado.- en la que ampliar mesas y cocina pero manteniendo su filosofía y trabajo; la espera para acercarme a visitarlo se convertía en lógica. Una espera que ha valido la pena.


Su nuevo Lluerna (y en unos 3 meses, en el local adjunto, abrirá su apuesta más informal y económica con Verat) está situado en el 104 de la avenida Pallaresa, un espacio elegante, fino, sobrio, luminoso (un enorme ventanal con jardín conforma una de las paredes de la sala) que me agradó un mar. Una sala impecable que comanda, además de somellier, su mujer Mar Gómez en un servicio que me hizo sentir muy cómodo, redondeando una experiencia impecable.  Y una cocina, absolutamente a la vista, que arrepentí no haber conocido mucho antes. Una propuesta como las que me seducen: de producto, sin grandilocuencias banales, girando sobre la exquisitez.


Una propuesta gastronómica que se desmiembra en una carta y una serie de menús para abarcar un amplio espectro de presupuestos, haciendo de Lluerna uno de los restaurantes Michelín del área de Barcelona en el que se puede comer por menor tíquet final.


Nosotros, que "fuimos a jugar", nos decidimos por el Menú Lluerna (75€ - 12 elaboraciones + petit fours) y poder ver con mayor amplitud la munición con la que cuenta Víctor y su equipo.

Un menú que transitó por...


un colorido y refrescante mojito sólido (melón osmotizado), unas aceitunas Gordal rellenas de vermut Campari y naranja y una muy buena (aunque feote de emplatado) espuma de bacalao, miel y flor de pensamiento. ¿Qué tal algún elemento de masticación en el último?

Todos, clásicos platos de la casa que agradecí poder saludar.


un delicioso bonito marinado con cebolla roja, ajo encurtido y un ajoblanco de alga codium. Disfruté cada bocado del pescado.


continuando con un excelente langostino al ajillo, de bellísima presentación y sabor para recordar. Repetiría siempre.


y, sin bajarnos del tren de la excelencia, con el puerro confitado con migas jugo de cebolla asada, botarga y tocino; chips crujientes de pan y botánica. Otra belleza por vista y por gusto.


y seguimos en máximos con el rabo de cerdo Duroc envuelto en crujiente de pan, con alga wakame y espardeña. Junto con los langostinos, corazón partido.


un muy buen arroz de gamba con aceite especiado y coronado por gamba en lámina que la propia temperatura del arroz termina de cocinar.


una elegante y perfecta de cocción lubina salvaje al pil pil de almejas y verduras salteadas.


y un final feliz carnívoro con un pichón sobre salsa de anchoas, bizcocho de aceituna negra y alcachofa rellena con paté de interiores de pichón. Muy rico.


Capítulo de lo dulce que disfrutamos con un refrescante ceviche de mango y cilantro (mango en dados y en aliño dulce-picante con un helado de coco y cilantro) que, a parte de estar realmente rico, nos limpió el paladar de todo el menú recorrido hasta entonces para llegar al espectacular coulant de avellana, helado de maracuyá y coulis de albahaca. Un postre que se ve en todas cartas y que he llegado a odiar por las ñapas que realmente me han llegado a servir pero que Víctor me ha hecho aplicarle el indulto y tirar confeti.


Y el addendum de unos petit fours basados en bombón de almendra y naranja, leche infusionada en canela y brandy, y su “coca de llardons”.



Un menú que no defraudó y, aunque todas las elaboraciones gustaron mucho, me llevo para el recuerdo especialmente los langostinos al ajillo, el rabo de cerdo, el pichón y el coulant. Para volver. Y repetir.

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