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domingo, 7 de mayo de 2017

Godard



GODARD
Passeig de Sant Pol, 119
17248 S'Agaró
(ver mapa)
30-40€ (sin vino)
972 28 20 96
www.godardsagaro.com



Tras una crónica a lo local (Maricastaña) sin ningún ápice de mediaticidad (no obstante, dentro del microclima pratense y si terminan de pulir aquéllo pulible, lograrán ser un punto interesante y conocido en la ciudad), hoy toca volver a salir y plantarse a las afueras de Barcelona (tierra hipercolonocida ya por muchos blogs): Godard, en el paseo marítimo de S'Agaró (Sant Feliu de Guíxols).

Cogido el gusto a las escapadas de fin de semana o domingueras, ver sino el agradable hallazgo que fue Sa Lola (que por cierto, presenta nuevo menú degustación, el cual he probado y disfrutado y es de diez), el viaje lo alargué un poco más hasta la zona de Platja d'Aro. Bella zona, cabe decir, tanto por su interior (Romanyà) como por su exterior (Camí de ronda). Els Tinars fue un capricho que se me pasó por la cabeza, pero la cartera no estaba preparada para afrontarlo. Otro día, sin duda. 


Y de dicha escapada surgieron muchas recomendaciones gastronómicas de amigos, conocidos y des-desconocidos. La ganadora, por proximidad y primeras impresiones, fue la de Godard. Un gastronómico situado en pleno paseo marítimo de S'Agaró que por sala, servicio y propuesta gastronómica propone, y lo consigue, desmarcarse del resto de oferta gastronómica de la zona más efectiva o sencilla. Encantado de conocerle.


La cocina en Godard es mediterránea, eminentemente española por productos utilizados (de proximidad o de temporada), pero cuyas elaboraciones, algunas, se internacionalizan (cebiches, tacos, tártar...) con el fin de proponer gastronomía y alma local con formatos, en algunos casos, más internacionales o actuales para poder abarcar así, imagino, al tipo de demanda heterogénea que debe tener este restaurante de costa. Ejemplos de esta propuesta serían el tartar de ciervo, vieira con aguachile, gazpacho de remolacha con langostinos, cebiche de jurel... Propuesta inteligente y acertada cuyos formatos son carta y menú degustación. Nos decantamos por el primero y cuyo link os dejo aquí. El segundo, para la siguiente visita.

Un restaurante, pues, que busca la creatividad entendible por todos bajo un entorno de comodidad, atractivo y de cocina y servicio elevados. Atributos que comprobé a través de:


Una buenísima crema de remolacha con pipas garrapiñadas que hacían de preludio. Después de repasar la carta, con propuestas realmente interesantes (quizá más en la parte de entrantes que de principales) nos decidimos por compartir 3 entrantes y escoger cada uno un plato principal. Lo que viene.


Una correcta crema de guisantes con brócoli, parmesano y panceta. Una crem fina, delicada y gustosa: bienvenida la temporada de guisantes; y donde la guarnición resultó poco exigente, donde el brócoli, correctamente al dente para aportar masticación, intentaba compensar una panceta muy blanda y poco sabrosa (poco marcada(¿?), pese a lo que pueda verse de Maillard en la foto). Quizá a dados más pequeños, marcados, yendo hacia lo croûton, bailaría con más soltura. El parmesano, que no llegaba a protagonizar más que las cucharadas donde se colaba en cantidad, quizá habría tenido más éxito en formato teja o bien usando un queso ahumado que aromatizara el conjunto.


Un precioso y buen tartar de atún con tomate y emulsión de aguacate. Formato delicado y deliciosamente bien presentado para una base de tomate sobre la que se emplata el atún. Sin ser la pieza más melosa y tierna de atún probada, la acidez y humedad del tomate junto con el aliño y los puntos de salsa que lo guarnicionan terminan de redondear un notable entrante. Foto de portada. 


Unas correctas cigalas a la brasa, a la segunda. Y es que además demorarse un poco y falto cariño en el emplatado de las mismas (algunas con las pinzas rotas y separadas de los cuerpos), llegaron también demasiado crudas (frías en su interior) y tuvimos que pedir un segundo meneo calórico. De vuelta a la mesa, perfectos y sabrosos, con notas ahumadas.


Un taco de pollo con puré de garbanzos, piña, mole poblano y rábano negro que pedimos como principal dada la poca gula con la que llegamos a la cena, y que no nos convenció en exceso. Textura demasiado blanda y sabor plano pese al mole (umami). Si el pollo se hace muy tierno y entero (el tradicional se hace más seco y desmigado), en este caso en formato tagliatta, creo que la guarnición debería contener ingredientes suficientes para generar mayor salivación (el crujiente de una cebolla en juliana, maíz, hacer un crujiente de su piel... la piña y el rábano negro no lo logran por sí solos).


Y un sorprendente y muy buen tartar de ciervo curado (tasajo) con chalota braseada, queso ahumado, berenjena y polvo de humo. A diferencia del plato anterior, esta elaboración la encontré compleja pero equilibrada y gratamente sorprendente: una carne, por propia estructura, dura pero intensa en sabor ligada y correctamente equilibrada con notas húmedas y ácidas de la chalota (que genera salivación); un eneldo que limpia y refresca a través del olfato y de la vista; un polvo de humo y un queso ahumado que, junto al amargo de la berenjena, limpian paladar, aportan aromas y melosidad al plato. Dos tartars, dos satisfacciones.


Por 75,50€ con aguas y café (38 euros por persona). Un tíquet comedido por el tipo de restaurante de que se trata (junto a sus atributos) y de la situación en la que se encuentra (paseo marítimo en la Costa Brava). Sala (cálida y elegante) y servicio (profesional y atento) son notables y distinguidos, aportando ese plus o extensión a la experiencia y que la ensalzan; y una cocina con grandes propuestas tanto en sabor, tipos de ingredientes, como en presentación; aunque algunas más irregulares y que no terminaron de entonar con el resto de atributos del local o del resto de propuestas. Habrá que saber escogerlas, pero la visita es más que merecida.

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