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domingo, 30 de abril de 2017

Maricastaña




MARICASTAÑA
Avinguda Remolar, 75
08820 El Prat del Llobregat
(ver mapa)
10-15€ (sin vino)
933 79 73 37
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Tras unas crónicas sobre restaurantes de Barcelona y alrededores sin mirar a casa, y como un toque de atención a mi mismo pero no por ello obligado, toca hablar de la gastronomía local de El Prat.


Reconozco que a diferencia de los vecinos inmediatos que son Sant Boi, Cornellà o l'Hospitalet; en El Prat cuesta ver nuevas propuestas interesantes más allá del quinto y la tapa de bravas o montadito. No significa que no las haya, ya he hablado de ellas (Cèntric-Ona Nuit, Ca la Tata, Mesón Galicia, Can Pizza, La Lluna en un Cove), pero es curioso ver como durante estos años de expansión gastronómica y nuevos proyectos en Barcelona y el "resurgir" de la periferia, en casa apenas se ha notado una brisa.

La vida está llena de excepciones, y de la parrafada anterior Maricastaña es una de ellas (aunque con algún pero).



Algo más de un año atrás, abrió este singular restaurante de estética vintage / gay-friendly (de ahí el nombre del local) en el 75 de la Avenida Remolar. Una interesante y agradable mesa redonda, ideal para grupos pequeños, da la bienvenida al que entra. Una gran barra y el resto de la sala, continúan y termina de formar el local decorado con papeles, recortes, fotografías y tonos beige y maderas. Cálido y acogedor, preliminares que uno valora cuando come fuera.



Cocina tradicional de la culinaria española es lo que reza en su carta. Carta en la que encontramos además de bocadillos y algún combinado, principalmente se nutre de una larga lista de platos y tapas más que interesantes sobre el papel. Hay para todos, aunque principalmente predominan las de pescado y marisco junto con platos con base de huevo y patata. Veremos.


Nuestra cena de 4 transcurrió por la cata variopinta, dado que se trataba de una primera visita y queríamos probar distintas elaboraciones de su carta y así hacernos una mejor idea de qué se cuece en Maricastaña.


Arrancamos con una berenjena frita con queso de cabra y miel y unas más que buenas patatas bravas (media ración, sin fotografía). La berenjena, bien por concepto e ingredientes pero de resultado blando (berenjena poco crujiente y muy aceitosa). Bien exudada previamente (con sal), aceite bien caliente, papel absorbente para recoger el exceso; debería bastar para salir perfecto. Sino, entrante blando, dulce (miel) y graso (queso).



Después, continuamos con unos dados de cochinillo (adobado con especias y terminado en salteado) bastante buenos, acompañados de patatas fritas.



Para seguir con un bacalao desmigado sobre patata paja, huevo y cebolla caramelizada con aceitunas negras (bacalao dorado). Una suerte de timbal bacalero que a pesar de contar con ingredientes acertados, el punto clave del plato (el crujiente de las patatas, aportando salivación) no se consigue y pierde totalmente el equilibrio: un conjunto blando (huevo, bacalao, cebolla caramelizada...) y pesado de comer, con las aceitunas no basta. Resultón pero blandurrio.



Y otro aperitivo a modo de capricho para parte de la mesa con unos resultones finguers de queso. Esta vez sí se consigue el dúo crujiente-meloso de una buena fritura y el relleno del queso. Parecen sutilezas del que escribe, pero marcan la diferencia. La salsa que lo guarniciona, pero, no terminó de convencer. Una reducción-miel de balsámico que, pese a ser buena idea en la búsqueda de un contrapunte dulce, habría sido quizá más interesante buscar una nota agridulce-picante y evitar hacer más pesado el entrante.



Y remate final del gastrocarrusel a base de chipirones a la andaluza (a los que no recordé fotografiar pero resultaron muy buenos tanto en fritura como en textura del bicho) y otra elaboración a base de patata (que a diferencia del bacalao, sí que pedíamos a consciencia) como son los huevos maricastaña, con foie, patata y cebolla caramelizada con trufa. Contundente y rico. 



Y final del trayecto. Un divertido y ameno viaje por 51,30 euros (12 euros por persona), low cost a más no poder.



Un servicio atentísimo y amable que hace la velada aún más cálida. Pese a las sombras en algunos de sus platos, deberes por pulir si quieren redondear la oferta gastronómica, lo que más gusta de Maricastaña es tanto su local como el servicio y la variedad de elaboraciones a un precio muy agradecido. Una propuesta sin duda, cuando se prime más la experiencia que el paladar, a tener muy en cuenta si se está por la ciudad.





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