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lunes, 11 de abril de 2016

Marimorena (2016)





Hace ya más de 2 años que visito con poca pero cierta reincidencia (tampoco repito en demasiados restaurantes) el restaurante Marimorena de Sant Boi, tal como podéis ver en la primera review que hice de éste en 2014.

Varios son los motivos de mi predilección por Marimorena: cercanía a mi localidad (Sant Boi y El Prat son ciudades vecinas), su tipo de cocina (Mediterránea/Catalana pero actualizada; mi predilecta), primerizos en usar Josper (ahora un must para todo garito gastro que se quiera montar) y dotar de notas ahumadas que enriquecen las elaboraciones, su servicio (raramente me computa para valorar los lugares que visito, pues me subyuga y ciega la cocina... pero aquí es notoriamente cercano, ameno y agradable), su generosa y suculenta oferta gastronómica la cual me genera terribles problemas de elección por exceso de candidatos a la ingesta, las también generosas cantidades de la mayoría de elaboraciones (mas cuando la moda actual dicta servir raciones minis a precios maxi) y el el correcto/adecuado tíquet final. Carrusel de likes.




Durante el último trimestre del año pasado se mudaron a un par de números de la misma Ronda Sant Ramón, adquiriendo un local más grande en el que poder ampliar el aforo del restaurante pero respetando las distancias entre mesas. Algo de agradecer para los tiempos que corren, en el que salir a cenar en según qué sitos sale ya más a cuenta juntarse con la mesa de al lado que dejar el palmo de distancia por el que intentar pasar metiendo barriga y culo, andando de puntillas. Lejos del modernismo hipster-nórdico de la decoración actual de los restaurantes, abogan por una decoración clásica con predominio de blancos que dan al restaurante mucha luz y amplitud.

¿Y la oferta gastronómica? Si algo funciona no hay que romperse mucho la cabeza, simplemente realizar los necesarios trabajos de actualización bien por creatividad del chef, bien por temporada de los productos. Y así ocurre en Marimorena, donde bailan juntos tanto platos históricos del restaurante como nuevas propuestas en carta o las sorpresas esporádicas que anuncia la pizarra de tiza que preside la sala.




Hits, lagrimotes y confeti procedentes de éstas y otras elaboraciones que se pueden degustar en el restaurante de Sant Boi:




Buñuelos de alcachofa Prat. Suaves, aéreos, sutiles (la alcachofa es lo que tiene). Es un entrante que cunde aunque no enamora, correcto.

Costillas de conejo con salsa de chile. Divertido aperitivo para utilizar una carne que apenas suele aparecer en la oferta gastronómica de los restaurantes, y mucho menos en la página de la izquierda. La salsa, complemento a la altura que da juego y que limpia el paladar.

Tostada con sardina ahumada. Pistoletazo de salida para exhibición del Josper. Una delicia.



Carpaccio de huevos fritos. El hit que viene de antes de abrir el restaurante. De cuando Albert oficiaba en Bar Mut. Menos es más y, en un diccionario, saldría una foto de este plato. Patata, huevo, gamba. Eggcelent.




Orella i morro. Productazo y mano de Josper para terminar con este contundente entrante. El crujiente ayuda con tanta grasa y gelatina. Algún aroma lo redondearía, un pimentón quizá.



Arroz de alcachofas y espardeñas. Una lágrima. En mayúscula. Con la foto es suficiente.



Arroz de negro con camarón y alcachofa. La otra lágrima arrocera. Los arroces son excelentes en Marimorena. Otro ejemplo más de que no hace falta ir a la costa para llorar con un arroz.



Arroz marinero al Josper. El tercero en discordia. Hubo que rascar para no dejar ni un gramo. Terminar arroces con un bicho como el Josper es otra liga.


Rape, moniato, romesco, alcachofa y calçots. Oda al producto agrario del territorio y de la cocina catalana. Un excelentísimo. Parece (y lo es) un monumento. Debajo de todo ese confeti moniatoso hay una pieza muy generosa de rape melosísimo, "barnizada" con salsa romesco y abrazada con calçots confitados. Oremos.



Pulpo a la brasa. Excelente producto y la maquinaria óptima para su cocción no puede resultar nada que no sea esta elaboración. Tierno al cuadrado, se desliza casi sin masticar. Generosa porción, otra vez.



Cordero al horno con trinxat. Entramos en territorio meatlover y no se puede pisar de mejor forma que con esta pieza de carne: mi preferida, melosa y tierna, con intenso sabor y conjugando una guarnición again muy local. Tenemos munición para enamorar. Y la demiglace... para lamer el plato.


Butifarra de Perol con sepionetas de Vilanova y shitake. Y más merito tiene, siendo yo groupie de piezas XXL de bichos como el cordero, que este plato sea el que me llevo en el corazón desde la visita a Marimorena. Si lo tienen en sugerencias, no dudéis y pedidlo. La colección Stonecast de Churchill, tan de moda, me encanta y queda genial en esta elaboración.


Galta de ternera con cremoso de patata y teja de patata. El otro hit de la casa que no sale jamás de la carta (o no me he encontrado con tal desgracia en ninguna de las visitas al restaurante). Es perfecto: la melosidad de la carne pese a haberla marcado bien en Josper para buscar el crujiente de la superficie. El cremoso de patata que hace de cojín para una demiglace fuerte, de competi y lagrimón. La teja, que acompaña al crujiente de la galta, para hacer salivar al comensal si es que vía ocular no ha empezado ya. Paradoja de un plato redondo, que se presenta cúbico.
Y los postres. Que son generosos, variados y del nivel de la cocina.


Pastel de mató con helado de regaliz. Delicado y notable pastel que se acompaña estupendamente con higos. El helado de regaliz es un interesante acompañamiento pero en este caso el sabor se superponía a los demás y resultó más pesado que agradable. Sabor particular que no a todos gusta.


Torrija con helado de leche de oveja. Una señora torrija más grande que mi smartphone. O torrijón de Ardoz. Excelente. El helado, de nuevo, demasiado peculiar y extraño al paladar. El toffee, compensa.



Coulant de chocolate con helado de vainilla. El happy meal de los postres, aquí se hace sin sorpresas al paladar, a diferencia de los anteriores. De forma más que correcta y para asegurar un perfecto cierre de acto.



Pastel de manzana, helado de avella y yogur. Con una presentación similar al coulant, este postre es una alternativa al finiquito final y una forma diferente de introducir la manzana sin tirar de tatín.



Así pues, es difícil no acertar si uno se deja subyugar por el restaurante. Las elaboraciones son de notable para arriba y lo abala el bagaje del cocinero y el producto honesto, de primera y bien tratado. Es de mis excepciones y reticencias personales a no querer probar nuevos sitios por la zona, porque me resulta imposible no degustar lo que allí se cuece. Desde un arroz, a una sesión de meatlover profundo, o a un tapeo generoso. Las opciones son plurales pero el resultado siempre el mismo. ¡Jodida alegría!

El imán de Sant Boi.


Datos de interés
Marimorena
Ronda de Sant Ramon, 151, 08830 Sant Boi de Llobregat, Barcelona
936 30 66 06
http://marimorena.es/
Facebook
Horario: excepto domingo y lunes
Tíquet medio: 35-50€ (menú mediodía 13,50€)
Apto para: los que osan salir del capitolio y descubrir excelentes restaurantes de igual o mejor nivel que los de la urbe, un lugar para los que quieren producto, km0, cocina sin lerdeces ni nitrohositas
No apto para: los michelinosos en busca de excentricidades y grandilocuencias

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